En inglés
Nació una sospecha en el pecho, un pensamiento a la vez.
Los clavos enterrados quizás se han disuelto
entre los huesos y la piel,
y el óxido que ves en mis ojos cuando dices ‘ya no me mires así’, riéndote.
Dí muerte instantánea a una tradición
y soñé por veinte noches con Esopo.
En la connotación maldita del deseo mutilado
nos acordamos de volver a vibrar.
Si la memoria no es confiable pienso en tu piel:
tomaste aire y lo soltaste en mi oído cuando mi mano desabrochaba el botón de tu pantalón.
Si la memoria no es confiable pienso en tu voz:
hablaste en inglés y no dije nada, sólo escuché.
Mentira sagrada, la memoria sólo tiene respuestas correctas.
Mentira sagrada, vamos a decirnos sólo la verdad.
- ‘Me gustan las cosas que te gustan’, es un buen lugar para empezar.
Me dijeron que la vida era corta paesperar,
pero el cultivo a la tolerancia está en el silencio
y en todas las noches que adivino tu fragilidad.
Say whaaaaat?!
Video del año hasta ahora? Sí.
El lado oscuro del pop
La costumbre es un barómetro roto. Hay muy poco espacio para tener una mirada crítica frente algo que se ha convertido en un hábito. No recuerdo haber tenido una conversación analítica sobre el sabor del arroz blanco que sirven en la mayoría de los almuerzos en mi casa, lo cual es normal.
La pregunta en este caso es: ¿qué pasa cuando la cultura (o el objeto cultural) pierde su invaluable capacidad de sorpresa por tanta repetición?, o quizás: ¿qué pasa cuando perdemos la capacidad de conmovernos por un objeto que tiene como misión, precisamente, transmitir unas emociones que nos saquen nuestra zona de confort? Pasa que empezamos a hablar un mismo idioma. Pasa que los extremos de la paleta de reacciones posibles se neutraliza: la decepción y la fascinación empiezan a parecerse mucho. Pocas veces nos vemos sorprendidos por lo habitual.
Esta es una sensación que he tenido últimamente, con ciertas excepciones, frente a la escena musical en Caracas. Si bien hay bandas trabajando muy duro por la expanción de su sonido y la innovación en su propuesta, la heterogeneidad no es la primera palabra que viene a la cabeza para describir el momento musical de la ciudad. En especial cuando hablamos de los shows en vivo.
Anoche, antes de ir a ver el show de Samantha Dagnino, me di cuenta de que era la primera vez que vería un show de un músico venezolano por primera vez en bastante, bastante tiempo. Ese era un buen comienzo.
Llegué a Le Club cuando todavía estaba pinchando música Andrés Astorga, a.k.a. Trujillo. El ambiente era primordialmente de fiesta, lo cual ponía las cosas interesantes, considerando que lo que había escuchado del proyecto de Samantha no tenía demasiado que ver con fiesta.
El escenario fue la primera sorpresa. El espacio estaba dispuesto para dos músicos. Había dos computadoras, un teclado, un pad de percusión y un par de elementos electrónicos. Nada más. La segunda sorpresa fue la entrada de Samantha, que sin hablar empezó a jugar con secuencias y efectos. Desde la primera frase era palpable su compromiso con cada una de las palabras que diría. “Memories fly across the room”. No estamos acostumbrados a un artista trabajando en ese nivel de intimidad. Incluso antes de que se quitara su chaqueta de cola blanca después del segundo tema y quedara cuasi-desnuda por el resto del show, ya existía la sensación de que nos estaban dejando entrar a un lugar privado. “I am here to gather your attention”, diría más adelante. El show nunca se valió de eufemismos. Hubo un pacto de sangre entre la cantante, el mensaje que estaba mandando y el público.
Si bien el idioma era una barrera inevitable, la convicción teatral con la que Samantha pronunciaba cada frase fue sufuciente para derribarla en algunos momentos. Pasaba de la nostalgia a la impaciencia a la seducción al tormento entre oración y oración. “The weather’s wrong inside my brain”, dijo en un momento, y no era difícil adivinar de dónde venía esa desesperación.
Hacia la mitad del set me di cuenta de que tenía al menos 3 canciones perdido y sin darme cuenta de que seguía en Le Club, con una cantidad considerable de personas y viendo un concierto de música que, aunque era esencialmente pop, jugaba en lo emocional con toda la gente que pude ver tan desconcertada como yo. El nivel de intensidad del performance era algo nuevo. De hecho, la mayoría de lo que estaba pasando era información nueva, incluso para Samantha. Su poca experiencia tocando estas canciones a un público era obvia, y eso la mantenía tan involucrada con lo que estaba sucediendo como ella nos tenía a nosotros.
Tal vez la misión última de una obra es llegar a tener la capacidad de funcionar incluso al ser sacada de contexto. Si ayer, frente a un público que estaba esperando más de Ai se eu te pego y menos de un concierto de música indudablemente más densa que bailable, hubo un feedback tan positivo, habrá que esperar hasta que tengamos el chance de ver a Samantha Dagnino jugando de local.
“and weeeeeee don’t eeeeeven care / to shake these zipper blues”
“… so we make love on the grass under the moon”
Guilty pleasure este tema. Los dos. La original también me gusta. Sí va. Chao. Perdón.
De noche
De noche
puedo arrugar las distancias
llevarme mis discos
y escucharlos en tu casa
Soñando
diez minutos nada más
son suficientes minutos
para hablar en el sofá
Recuérdame hoy
si nos volvemos a encontrar
que te tome una foto
con la cámara de mi celular
en un lugar…
… o perdidos en un cuarto lleno de luz
varias de las veces que nos tropezamos
los ojos vendados de Dios
quizás encontraron algo
… o detrás de la nube de humo
las cosas estaban igual
cinco cristales en tus manos frías
que recogiste en el mar
… o lejos del muro de los lamentos
la noche ‘mística’ de Babel
el idioma imposible que hablan tus silencios
sólo me calma la sed
… o solos extáticos en el medio de la calle
mudos y hablando, dos en la ciudad
preferimos usar las palabras pequeñas
son suficientes cuando son verdad
Maqueteando vamos y así avanzamos. YIJI.